Programas simples pueden generar comportamientos infinitamente complejos
El físico Stephen Wolfram descubrió que la naturaleza utiliza reglas computacionales básicas para crear formas intrincadas, como los patrones en espiral y la pigmentación de las conchas de los moluscos.
A principios de la década de 1980, los investigadores exploraron las bases del aprendizaje automático, pero les costó lograr que las redes neuronales realizaran tareas útiles. Décadas después, un avance reveló que, si estos sistemas se impulsan con suficiente intensidad, eventualmente comienzan a aprender y evolucionar. Este hallazgo sugiere que la evolución biológica y el aprendizaje automático son procesos profundamente relacionados, impulsados por los mismos principios computacionales.