Las bacterias intestinales de los peces regulan la química oceánica
Los pequeños gránulos minerales que excretan los peces actúan como un termostato planetario, ayudando al océano a absorber dióxido de carbono y evitando que el agua se vuelva demasiado ácida.
Cada vez que un pez marino bebe agua salada, activa una planta de desalinización biológica en su propio intestino. Para evitar la deshidratación, los peces teleósteos —un grupo inmenso que incluye desde peces dorados hasta atunes— deben filtrar el exceso de calcio y magnesio del agua que ingieren.