Los motores de cohete se enfrían bombeando combustible por sus paredes
Para evitar que sus motores se derritan, los ingenieros aeroespaciales bombean propulsores gélidos a través de canales microscópicos, a milímetros de un infierno de 3,000 grados.
En el interior de un motor de cohete, las temperaturas pueden alcanzar la mitad del calor de la superficie del sol. Este nivel de energía fundiría instantáneamente incluso el acero más resistente. Para sobrevivir, los ingenieros diseñan las paredes del motor como si fueran un radiador. Mediante un proceso llamado enfriamiento regenerativo, tallan canales diminutos en paredes de aleación de cobre. Por estas venas bombean combustible criogénico, almacenado a 253 grados bajo cero, antes de que llegue a la cámara de combustión. Esto crea una barrera térmica que mantiene el metal justo por debajo de su punto de fusión. Al mismo tiempo, el proceso precalienta el combustible para lograr una combustión más eficiente.