El cerebro procesa el lenguaje de señas igual que las palabras habladas
Cuando una persona sorda ve un gesto, su cerebro ignora la corteza visual y activa directamente el motor lingüístico que los oyentes usan para descodificar sonidos.
En 1880, la joven Helen Keller estaba ante una bomba de agua en Alabama. Al sentir el flujo fresco en una mano y el deletreo manual en la otra, algo cambió en su mente. Esta revelación demostró que el lenguaje no depende del oído ni del habla. Es, en realidad, una arquitectura cognitiva integrada en nuestra biología.