Una sola temporada deportiva puede remodelar el cerebro
Incluso sin sufrir una conmoción, la violenta rotación del cráneo durante el juego puede estirar y deshilachar el cableado cerebral como si fuera un chicle.
Cuando un jugador de fútbol americano o de rugby recibe un impacto típico, su cerebro experimenta una aceleración de hasta 80 g. Esta fuerza es casi diez veces superior a la que siente un piloto de combate durante un giro cerrado. Aunque los cascos son excelentes para evitar fracturas craneales, no pueden evitar que el cerebro se sacuda dentro del líquido cefalorraquídeo.