Los virus letales suelen ocultarse en los bosques cambiantes
La degradación de los bosques crea un 'efecto de borde' biológico que sitúa a humanos y murciélagos en una zona de contacto peligrosa.
En 1976, un brote cerca del río Ébola, en el antiguo Zaire, reveló un virus inusual. A diferencia de otros, este no es esférico, sino que parece un hilo largo y enredado. Esta forma filamentosa le permite infiltrarse en las células humanas con una eficacia devastadora. Como resultado, su tasa de mortalidad suele superar el 50 %.