El primer uso registrado de la brújula consistió en una aguja magnética flotante
Antiguos marinos chinos revolucionaron la navegación al colocar agujas de hierro imantadas sobre madera o corcho en cuencos con agua. Así encontraban el norte magnético durante las noches nubladas en el mar.
Textos chinos del siglo XI describen las primeras brújulas marítimas como agujas imantadas que flotaban en cuencos de agua. Este diseño de brújula húmeda permitía que la aguja girara libremente con poca fricción.
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