Una turbina del tamaño de una habitación puede abastecer a diez mil hogares
Al comprimir el dióxido de carbono hasta que actúa como líquido y gas a la vez, es posible reducir el tamaño de la maquinaria eléctrica al de un escritorio.
Las centrales eléctricas modernas suelen utilizar turbinas de vapor del tamaño de una catedral. En ellas, el agua hirviendo hace girar enormes palas para generar electricidad. Sin embargo, la ingeniería actual está sustituyendo a estos gigantes por dióxido de carbono supercrítico.
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