Satélites usan micropropulsores para evitar choques cósmicos
A diez kilómetros por segundo, una mota de pintura puede atravesar el aluminio sólido, convirtiendo el espacio en un peligroso juego de esquivar objetos a gran velocidad.
La órbita terrestre está tan saturada que un simple tornillo perdido a velocidad orbital tiene la energía cinética de una granada. Para sobrevivir en este entorno, los satélites modernos ya no dependen de motores pesados y voraces. En su lugar, utilizan sistemas de propulsión eléctrica que generan un empuje tan suave como el peso de una hoja de papel.