Los árboles vivos funcionan como grabadoras analógicas del clima
Las coníferas longevas de los Andes y las Rocosas conservan un diario químico anual de humedad y temperatura, revelando megasequías que duraron décadas.
Un solo abeto de Douglas, aferrado a una ladera rocosa en el oeste de Estados Unidos, guarda un registro de alta definición del clima de hace mil años. Estos árboles crecen añadiendo un anillo distintivo cada año. La anchura de cada anillo depende directamente del agua disponible en ese periodo.