Las luces de la ciudad ocultan el noventa y nueve por ciento de las estrellas
La contaminación lumínica ha convertido la observación de la Vía Láctea en un artículo de lujo que solo se encuentra en los rincones más remotos del planeta.
El resplandor anaranjado sobre las ciudades modernas no es solo neblina. Es una barrera física de fotones dispersos que oculta casi todos los objetos celestes. En una zona metropolitana típica, el cielo es mil veces más brillante que en un entorno natural virgen.
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