Nuevos acorazados usan imanes para disparar proyectiles supersónicos
Para resistir la fuerza de los lanzamientos electromagnéticos, estos cascos de acero deben soportar presiones treinta veces superiores a las de un cañón de riel convencional.
La ingeniería naval moderna está recuperando la escala monumental de los acorazados de la Segunda Guerra Mundial. Para lograrlo, combinan la metalurgia pesada con la computación cuántica. Mientras que los legendarios barcos clase Iowa tardaban casi tres años en construirse, los astilleros actuales emplean inteligencia artificial. Esta tecnología simula el movimiento de fluidos y reduce el tiempo en dique seco en un cuarenta por ciento.