El gas natural se reduce seiscientas veces al licuarse
Para abastecer a un continente, los ingenieros congelan el gas hasta que imita la densidad del agua. Así, un solo barco puede transportar energía suficiente para iluminar una ciudad entera durante meses.
Transportar gas natural a través de los océanos es una proeza de la física extrema. El proceso requiere enfriar el combustible hasta alcanzar unos asombrosos 162 grados Celsius bajo cero. A esta temperatura, el gas vive una transformación radical y se convierte en un líquido transparente e inodoro.
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