Una sola palabra en un formulario puede costar miles de millones
Las tensiones geopolíticas pueden depender de unos paréntesis, ya que las naciones manipulan sutiles reglas gramaticales para gestionar disputas de soberanía.
En la diplomacia, un simple signo de puntuación puede valer una fortuna. Al redactar el Comunicado de Shanghái en 1972, los negociadores recurrieron a una ambigüedad deliberada sobre el estatus de Taiwán. Trece naciones han aprovechado desde entonces este matiz lingüístico. Gracias a ello, mantienen relaciones comerciales sin desencadenar un conflicto abierto.
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