Una planta de carbón debe pulverizar el combustible al tamaño de un cabello humano para alcanzar su máxima eficiencia
Para generar mucha electricidad, las plantas de carbón muelen el combustible hasta crear un polvo fino. Este imita el grosor de un cabello humano. Así aseguran una combustión y eficiencia casi perfectas.
Maximizar la energía del carbón requiere una transformación precisa. Los trozos sólidos se pulverizan en partículas de solo 75 micras de ancho. Este tamaño microscópico es comparable al diámetro de un cabello humano. Esto permite una combustión completa del 99%.
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