Las turbinas de las centrales eléctricas modernas giran con una fuerza enorme
Las turbinas de gas modernas operan a temperaturas que fundirían el acero. Requieren superaleaciones avanzadas para soportar las fuerzas centrífugas de su rotación.
En una turbina de gas clase F, las puntas de los álabes giran a 3,600 RPM. Esto genera una fuerza centrífuga de 700 kilogramos por cada centímetro cuadrado de material. Estas máquinas operan a temperaturas de 1,400 grados Celsius. Este calor supera el punto de fusión del propio metal.
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