Martin Margiela y su equipo vestían batas blancas de laboratorio
El reservado diseñador transformó su sede en un espacio de trabajo monocromático donde cada empleado vestía batas iguales para priorizar la identidad colectiva sobre el ego individual.
A finales de la década de 1980, Martin Margiela fundó una casa de moda que funcionaba más como un laboratorio que como un taller tradicional. Para centrar la atención en el trabajo y no en la persona, Margiela y todo su personal vestían batas blancas de algodón idénticas, conocidas como 'blouses blanches'. Este uniforme, asociado habitualmente a los obreros o técnicos de laboratorio del siglo XX, servía para igualar al equipo y crear una sensación de anonimato.