El cerebro ignora las voces dobladas con más de 200 milisegundos de retraso
Cuando el audio y el video se desincronizan, el cerebro deja de procesar el habla como un evento único y empieza a tratar a los ojos y oídos como dos testigos que compiten entre sí.
El cerebro humano tolera sorprendentemente bien los sonidos lentos. Esta es una herencia biológica del mundo físico, donde la luz viaja más rápido que el ruido. Sin embargo, esta paciencia tiene un límite estricto de aproximadamente un quinto de segundo. Este umbral se basa en el efecto McGurk, un fenómeno perceptivo donde la vista domina al oído.