Las campanas antiguas se afinan en cinco notas distintas
Maestros fundidores tallan láminas de metal para alinear cinco frecuencias distintas, creando un acorde armonioso capaz de resistir medio milenio de uso diario.
La campana de una catedral no emite una sola nota, sino que funciona como una pesada orquesta de bronce. Cuando el badajo golpea el borde, activa cinco frecuencias distintas. Estas deben vibrar en perfecta armonía para que la campana cante en lugar de simplemente sonar. El tono más grave, llamado 'zumbido', se sitúa una octava completa por debajo de la nota principal. Otros tonos aportan la tercera menor y la quinta justa, dándole a las campanas europeas su característico aire melancólico.