Los acueductos romanos bajan solo tres centímetros cada cien metros
Ingenieros romanos construyeron un puente de piedra de 50 kilómetros con tal precisión que el agua descendía apenas el grosor de un pulgar en un tramo de cien metros.
El Pont du Gard, en el sur de Francia, es un testimonio imponente de la obsesión romana por la gravedad. Para llevar 40.000 metros cúbicos de agua fresca a Nimes cada día, los ingenieros debían mantener una pendiente descendente casi perfecta durante 50 kilómetros.
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