La diosa del sol japonesa nació del ojo de un dios
Las deidades más poderosas de Japón no surgieron de un vientre, sino del agua utilizada para limpiar la suciedad del inframundo.
El relato sintoísta de la creación se centra en un ritual de purificación. Tras viajar al mundo de los muertos para buscar a su esposa, el dios Izanagi quedó horrorizado por la putrefacción que vio. Corrió a un río para bañarse y purificarse.
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