Vivir en una cultura sin pena de muerte puede fortalecer los circuitos de empatía
Vivir en una sociedad que abolió la pena de muerte puede alterar físicamente el cerebro. Esto genera circuitos de empatía que responden mejor al sufrimiento ajeno.
Investigaciones neuroéticas con escaneos de fMRI revelaron datos interesantes. Las personas en culturas sin pena de muerte tienen circuitos de empatía más activos. Estos circuitos son un 30 por ciento más fuertes. Esto sugiere que las normas judiciales pueden rediseñar las vías neuronales humanas.
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